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lunes, 22 de marzo de 2010

"El milagroso" Padre Ignacio


Crónicas del país
Todo Rosario habla del "milagroso" padre Ignacio
Por Mariano Wullich (Enviado especial)

ROSARIO.- Dicen que sus palabras traen alivio y que sus manos sanan. Que su sonrisa carismática provoca tanta fe que los fieles se multiplican día tras día. Que su magnetismo es tan grande como las multitudes que lo siguen.
Por eso, todo Rosario habla de él, y el murmullo está llegando al resto del país y a sus fronteras.
Se trata del padre Ignacio, un "cura sanador", según lo definen. Será por eso que alrededor de 80.000 personas ya lo visitaron durante este año en la pequeña capilla de la parroquia Natividad del Señor, ubicada en el barrio Parquefield, al norte de esta ciudad.
Alrededor de él se creó un fenómeno similar al que todavía perdura en González Catán, provincia de Buenos Aires, donde el legendario padre Mario Pantaleo sembró una esperanza de vida para miles de personas.
De piel morena, gestos convincentes, mirada cautivante y una tupida barba, el padre Ignacio llegó a Rosario hace 20 años. Nacido en el humilde pueblo de Balangoda, en Sri Lanka, se ordenó como sacerdote, y su primera misión fue en la Argentina, de donde dicen que ya no se irá.
Perteneciente a un movimiento llamado Cruzada del Espíritu Santo, del que hoy es titular en el mundo, Ignacio Peries era uno de los hijos de Mateo Kurukulasuriya, quien trabajaba en una firma británica fraccionadora de té.
El silencio parece ser norma. El padre Ignacio no da reportajes ni quiere hablar con la prensa. En cuatro oportunidades La Nación intentó consultarlo, pero fue en vano. Tampoco quiere fotos.
Las autoridades de la Iglesia Católica también prefirieron el bajo perfil: igual suerte tuvieron los intentos por consultar al arzobispo Eduardo Mirás.
En Rosario se lo conoce y la gente habla de él sin escepticismo: "Al menos, Ignacio concede una esperanza", es la frase que se repite cuando La Nación pregunta por él.
Todo por los enfermos Desde siempre, el padre Ignacio tuvo la mirada puesta el dolor de los enfermos. Rápidamente, su carisma se apoderó de los fieles y hoy no tiene otra vida que la parroquia, oficiar hasta tres misas diarias, dar charlas a los jóvenes, bendiciones a los adultos y atender entre 300 y 400 personas por día que quieren sanar de algún mal físico o psíquico.
Ayer hubo miles de personas que aguardaban ser bendecidas por Peries. Durante la semana lo hacen otros tantos que en marzo último recibieron un turno para poder verlo y recibir la imposición de sus manos.
De pie en la tarima del altar, Ignacio los atiende por riguroso orden. En grupos de hasta cinco se van ubicando frente a él. El padre se detiene delante de cada uno y les dedica alrededor de dos minutos.
Primero les pregunta por qué han venido y qué les sucede. Luego, toca las partes del cuerpo en las que puede estar la afección, les impone las manos y, en algunas oportunidades, los toma de la nuca y los fieles caen al suelo, en donde prosigue con la "sanación".
La gente se retira exultante de esperanza, con los ojos húmedos de emoción, a veces, o con una sonrisa difícil de esconder por la alegría de haber llegado hasta este hombre que -según él mismo dice- no sabe de dónde saca fuerza física y mental para estar allí tantas horas.
Luego del ritual, un señora con inocultable tonada santiagueña se dirige hacia la calle. Su gesto es otro bien distinto del que mostraba cuando llegó. Se llama María Inés Giménez y tiene 52 años. "Desde que murió mi marido tengo depresiones. Me hablan de cualquier cosa y lloro. Creo que ahora todo cambiará. Al menos, puedo hablar con usted sin llorar; ya lo ve", le indica a quien esto escribe, mientras hace gala de un nuevo estado de ánimo.
Hay gente que dice tener cáncer, o una afección respiratoria. También hay una madre con su hija, que padece síndrome de Down. "Es posible -acepta la mujer- que la Ceci jamás pueda ser como los demás, pero creo que el padre aliviará su futuro."
Alrededor del templo hay un par de puestos que venden bidones de hasta cinco litros que luego serán llenados con agua bendecida por el padre. También hay algunos puestos que ofrecen gaseosas y panchos. En el mostrador de uno de los quioscos, una mujer cuenta que las multitudes son asombrosas y que hay días que llegan ómnibus con creyentes de todas las provincias.
La vendedora no quiere dar el nombre: "Es que desde la parroquia tratan de que esto no se convierta en una romería", dice.
El padre prefiere el bajo perfil. Dicen que quiere alejar lo suyo de toda posibilidad de sensacionalismo. Sólo existe un libro dedicado a él, que se vende en todos los quioscos de revistas y que va por la segunda edición. Allí está el testimonio de Amalia Pettinari, enferma de cáncer que dijo que se recuperó tras confiar en el padre.
También está el de Miguel, un chico con una enfermedad terminal, según los médicos, cuyos pronósticos jamás llegaron a cumplirse. Y el de Deolinda Martínez, que tras un derrame cerebral fue bendecida por el padre y hoy sólo repite: "Gracias a Dios, y al padre Ignacio". E Ignacio comentó: "Yo no soy un sanador, sólo transmito el poder de sanación de Dios. El actúa a través de mí".
Hace poco, el padre ofició una misa en la catedral de Rosario y ni la plaza central bastó para la multitud que se reunió. Como tampoco alcanzan las palabras de los fieles que quieren agradecerle. Ignacio, mientras tanto, calla y sigue.

martes, 5 de enero de 2010

Aquel muchacho de barrio


"Muere a los 64 años el cantante Sandro, el Elvis argentino".

Roberto Vicente Sánchez, el que vio la luz un 19 de agosto de 1945 en Parque Patricios, estaba predestinado a seguir los pasos de Elvis Presley. De los dos Elvis: el primero, irreverente, símbolo de la eterna rebeldía juvenil plasmada en el rock; y el Elvis domesticado por el establishment norteamericano que se hizo un señor gordo y vicioso que cantaba tiernas e inofensivas baladas de amor.
Sandro esquivó con dignidad el venal tobogán de la rebelión domesticada. Más que dejarse llevar por palmarias concesiones, su espíritu se aplacó en la madurez. Y aunque engordó un tiempo como Presley, le pareció menos degradante -estética y artísticamente- internarse por el mundo del bolero (incluso compartiendo roles con la divina Olga Guillot) y la balada. La última prueba de esto es la edición -en 1994- de la propia Sony Music, de "Sandro Clásico", con temas como "Toda una vida", "Sigamos pecando", "Sombras", "Más de ti", "Te llevo bajo mi piel", "La sombra de tu sonrisa"...
Fuegos juveniles Este revival se instala en los dorados años 60. Una década en que la opulencia en los campos del arte y la creatividad permanecerá como "uno de los lujos del siglo".
En medio de ella hubo brotes más cercanos a la euforia que a la inspiración artística. Este es uno de ellos, llevado a cabo mientras, en otro rincón de la ciudad (léase boliche La Cueva, de Pueyrredón) nacían y crecían Los Gatos, de Litto Nebbia.
Sandro y Los de Fuego grabaron por primera vez en febrero de 1964, luego de que el cantante hizo su debut en el vinilo (discos negros larga duración) en CBS -hoy Sony-, en septiembre de 1963.
La juvenil voz de Sandro se percibe aquí escondida entre las voces del grupo. El rock en castellano -una réplica de aquel primer intento de los mexicanos Teen Tops- irrumpe con temas de los Beatles (pleno suceso en esa época): "Un mundo sin amor", "Anochecer de un día agitado", "Niñito", "El dinero no puede comprarme amor", en traducciones de Ben Molar; boleros disfrazados con ritmo pop-rock, como "Te conseguiré", y decididos ritmos del rock, como "Hay mucha agitación", "Hippy Hippy Shake" y mucho pop romántico, donde proliferan versos ligeros, ingenuos.
El fuego de Sandro parece encenderse paulatinamente en "Hay mucha agitación", "Lágrimas solitarias" y "Los brazos en cruz", en los que ya se adivinan en sus vibratos inconfundibles la marca de todo un estilo.
El segundo CD: "Al calor de Sandro y Los de Fuego", grabado en la primera mitad de 1965, es la prolongación del primero: pop-rock, otras canciones de los Beatles ("Es una mujer", "Boleto para pasear", "Desde mi ventana"...), y un pop más cercano a la balada romántica. Aquí tampoco emerge el Sandro pasional. Permanece escondido en el grupo.
En cambio, en "Alma y fuego" la voz vibrante anuncia algunos rasgos de Sandro: el inconfundible vibrato, los pequeños adornos (apoyaturas) en la melodía, los fraseos cargados de pasión. "Como caja de música", de la triunfadora dupla Sandro-Anderle, es un ejemplo del naciente estilo.
"Presentando a Sandro" es el cuarto CD. Sin duda, lo más flojo de la recopilación. Mucho pop lavado, mucha letra simple (una recurrencia eufemística para nombrar a la tontería) va desfilando sin dejar rastro. Sandro aparece fugazmente en temas como "Hay mucha agitación" y "Viajero solitario". Hasta los Beatles de "Amame" resultan pasteurizados, pese a las buenas ideas orquestales de Milo, seudónimo nada menos que del excelente arreglador José Carli.
Finalmente "Beat latino", el último registro, nos acerca los primeros esplendores interpretativos de Sandro.
Temas como "Juanito guitarra", "Dile a la lluvia", "Ave de paso" (uno de los más recordados éxitos de la época), "Cuando hablo de ti", "Miguel e Isabel" y "Con los ojos del recuerdo", otro de los sellos inconfundibles de Sandro-Anderle, levantan la puntería.
La colección entera podrá significar para muchos cuarentones o cincuentones una vuelta a esta parte del pasado en el que la juventud le cantaba, con ritmo, al amor.
Hacia la mitad de los años 60 reinaba el beat en el rock de los grupos ingleses y en el vuelo incomparable de los Beatles. Un beat que irá diluyéndose en 1967. Aquí se producía, enseguida, uno de los clásicos golpes militares que derriban gobiernos democráticos. Sandro formaba un nuevo grupo: los Black Combo, con músicos de la talla de Bernardo Baraj y Adalberto Cevasco.
Sandro demostraba buen gusto al elegir arregladores del nivel de un José Carli y un Oscar Cardozo Ocampo.
De todos modos, no será éste su más alto vuelo musical y poético. Ni tampoco perdurarían estas canciones en el inconsciente colectivo, como estas otras que no aparecen en el presente rescate: "Trigal" (sobre todo, con una poesía que empinan las metáforas), "Te propongo", "Quiero llenarme de ti", "Así, "Rosa, Rosa", "Penumbras", "Yo te amo", "Cómo te diré", "Se te nota", "Te extraño", "Como lo hice yo"...
Quizás en ellos se muestra el Sandro empapado de gitanería, derrochando histrionismo, sangrando por la garganta con un expresionismo típicamente vernáculo, jugando al humor en la canción romántica con ese modo instransferible ejercido por su amiga Olga Guillot.
Algún nostálgico preferirá repasar este repertorio liviano, sin reparar en el fácil melodismo ni en las letras triviales. Uno, en cambio, se queda con el otro Sandro.

René Vargas Vera