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lunes, 13 de agosto de 2012

Poema del fracaso



Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,
en un fugaz anhelo de gloria y de poder;
Subió la escalinata de un palacio de oro
y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser.

Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,
por vivir plenamente la fiebre del placer;
Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,
un goce para el solo... Pero no pudo ser.

Y hoy llegas tu a mi vida, con tu sonrisa clara,
con tu sonrisa clara, que es un amanecer;
y ante el sueño más dulce que nunca antes soñara,
quiero vivir mi sueño... Pero no puede ser.

Y he de decirte adiós para siempre, querida,
sabiendo que te alejas para nunca volver,
Quisiera retenerte para toda la vida...
Pero no puede ser! Pero no puede ser!

José A. Buesa

sábado, 11 de agosto de 2012

Ya todos la olvidaron




Ya todos la olvidaron. Ahora sí que se ha ido,
pero, sobre las rosas de la tumba reciente,
florecía el recuerdo más allá del olvido…
Yo era el hosco, el ausente.
Qué le importa a la noche que se apague una estrella,
si el mar sigue cantando cuando pierde una ola.
Ya están secos los ojos que lloraron por ella.
Ya se ha quedado sola.


Ahora ya sigue, sola, su viaje hacia el espanto,
por las noches profundas, bajo el cielo inclemente.
Ya nadie me reprocha que no lloré aquel llanto,
que fui el hosco, el ausente…



Ya nadie le disputa su silencio y su sombra,
sobre todo su sombra, bajo la luz del día.
Ya todos la olvidaron, Señor. Nadie la nombra.
Yo la recuerdo todavía…

Jose A Buesa

domingo, 1 de abril de 2012

Recapitulación



Yo he vivido mi vida: Si fue larga o fue corta,
si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa.
Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero,
si el amor o la muerte, -lo que pase primero.


Algo tuve algún día; lo perdí de algún modo,
y me dará lo mismo cuando lo pierda todo.
Pero no me lamento de mi mala fortuna,
pues me queda un palacio de cristal en la luna,
y por andar errante, por vivir el momento,
son tan buenos amigos mi corazón y el viento.


Por eso y otras me deja indiferente,
aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente.
-¿Trampas? - Pues sí, hice algunas;
pero, mal jugador, yo perdí más que nadie
con mis trampas de amor.


-¿Pecados? - Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona,
porque, a pesar de todo, Dios no es mala persona.
-¿Mentiras?- Dije muchas, y de bello artificio,
pero que en un poeta son cosas del oficio.
Y en los casos dudosos, si hice bien o mal,
ya arreglaremos cuentas en el Juicio Final.


Eso es todo. He vivido.
La vida que me queda puede tener dos caras,
igual que una moneda: una que es de oro puro
-la cara del pasado- y otra -la del presente-
que es de plomo dorado.


Por lo demás, ya es tarde; pero no tengo prisa,
y esperare la muerte con mi mejor sonrisa,
Y seguiré viviendo de la misma manera,
que es vivir cada instante como una vida entera,
mientras siguen andando, de un modo parecido,
los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.


José Angel Buesa

jueves, 29 de marzo de 2012

Soneto con sed


Leyendo un día un libro, de repente,
hallé un ejemplo de melancolía,
un hombre que callaba y sonreía,
muriéndose de sed junto a una fuente.
Puede ser que mirando la corriente,
su sed fuera más triste todavía,
aunque acaso aquel hombre no bebía,
por no enturbiar el agua transparente.
Y no sé más. No sé si fue un castigo,
y no recuerdo su final tampoco,
aunque quizás lo aprenderé contigo.
Yo enamorado, soñador y loco,
que me muero de sed y no lo digo,
que estoy junto a la fuente y no la toco.

José Angel Buesa

jueves, 19 de enero de 2012


Mi corazón se queda aunque mi amor se vaya ,



porque el recuerdo nace de un ansia de olvidar.


Tu amor tiene la tibia ternura de una playa;


mi amor es inestable como el viento y el mar.





Aunque mi amor se vaya no has de quedarte sola,


pues te dejo el reflejo de la luz que encendí:


Tu amor es una playa , mi amor es una ola,


y necesariamente yo he de volver a ti.




José A. Buesa





Simil del árbol - José Angel Buesa




Árbol ya largamente florecido,


con el tronco tatuado de iniciales,


lo dejaron en pie los vendavales,


sin una hoja, ni una flor, ni un nido,





igual que un corazón envejecido


que aún palpita, sin bienes y sin males,


lleno de sal, como los litorales,


con fatiga de amor y sed de olvido.





Pero en el árbol se detuvo un día,


para cantar, un pájaro viajero,


y el tronco aquel sintió que florecía...





como florece un corazón huraño,


para después sentir que le hace daño


la flor tardía de su amor postrero.





                      José Angel Buesa

miércoles, 11 de enero de 2012

La Canción de la espera - José Angel Buesa




Espero tu sonrisa y espero tu fragancia


por encima de todo, del tiempo y la distancia.


Yo no sé desde dónde, hacia dónde, ni cuándo


regresarás... sé sólo que te estaré esperando.






En lo alto del bosque y en lo hondo del lago,


en el minuto alegre y en el minuto aciago,


en la función pagana y en el sagrado rito,


en el limpio silencio y en el áspero grito.






Allí donde es más fuerte la voz de la cascada,


allí donde está todo y allí donde no hay nada,


en la pluma del ala y en el sol del ocaso,


yo esperaré el sonido rítmico de tu paso.






Comprendo que de mí ya se ría la gente


al ver cómo te espero desesperadamente.


Cuando todos los astros se apaguen en el cielo,


cuando todos los pájaros paralicen el vuelo


cansados de esperarte, ese día


lejano yo te estaré esperando todavía.






No importa: aunque me digan todos que desvarío,


yo te espero en las ondas musicales del río,


en la nube que llega blanca de su trayecto,


en el camino angosto y en el camino recto.






Niño, joven o anciano, sonriendo o llorando,


en el alba o la tarde, yo te estaré esperando,


y si me convenciera que ese ansiado día


no habría de llegar, también te esperaría.






José Angel Buesa


Amor tardío - José Angel Buesa

Tardíamente, en el jardín sombrío,


tardíamente entró una mariposa,


transfigurando en alba milagrosa


el deprimente anochecer de estío.



Y, sedienta de miel y de rocío,


tardíamente en el rosal se posa,


pues ya se deshojó la última rosa


con la primera ráfaga de frío.



Y yo, que voy andando hacia el poniente,


siento llegar maravillosamente,


como esa mariposa, una ilusión;



pero en mi otoño de melancolía,


mariposa de amor, al fin del día,


qué tarde llegas a mi corazón...





domingo, 18 de diciembre de 2011

Canción cotidiana

Tu amor llegó calladamente;
calladamente se me fue...
Porque el amor es una fuente
que se nos seca de repente,
sin saber cómo ni por qué.

Amor de un beso que se olvida
y de un suspiro que se va;
amor de paso en nuestra vida,
pues se le da la bienvenida
cuando tal vez se aleja ya.

Así tu amor fue como el mío,
mujer de un claro atardecer:
amor que pasa como un río,
sin estancarse en el hastío
ni repetirse en el placer.

Amor feliz que da sin tasa,
pues sólo pide, a cambio, amor;
amor que deja, cuando pasa,
no la ceniza de una brasa,
sino el perfume de una flor.

Amor que al irse no está ausente;
amor sin dudas y sin fe,
como este amor intrascendente,
que, si llegó calladamente,
calladamente se fue...

José Angel Buesa

jueves, 8 de diciembre de 2011

Oasis

Así como un verdor en el desierto,
con sombra de palmeras y agua caritativa,
quizás ser tu amor lo que me sobreviva,
viviendo en un poema después que yo haya muerto.

En ese canto, cada vez más mío,
voces indiferentes repetirán mi pena,
y tú has de ser entonces como un rastro en la arena,
casi como una nube que pasas sobre un río...


Tú serás para todos una desconocida,
tú que nunca sabrás cómo he sabido amarte;
y alguien, tal vez, te buscará en mi arte,
y al no hallarte en mi arte, te buscará en mi vida.


Pero tú no estarás en las mujeres
que alegraron un día mi tristeza de hombre:
Como oculté mi amor sabré ocultar tu nombre,
y al decir que te amo, nunca diré quién eres.


Y dirán que era falsa mi pasión verdadera,
que fue sólo un ensueño la mujer que amé tanto;
o dirán que era otra la que canté en mi canto,
otra, que nunca amé ni conocí siquiera.


Y así será mi gloria lo que fue mi castigo,
porque, como un verdor en el desierto,
tu amor me hará vivir después que yo haya muerto,
pero cuando yo muera, tú morirás conmigo!

José Angel Buesa

jueves, 17 de noviembre de 2011

Poemas en la arena

Las olas vienen.

Las olas van.

Como las olas,

tu recuerdo viene y se va.



Las olas vienen.

Las olas se van.

Mi silencio -- un silencio de cien puertas cerradas--,

se encrespa de rumores, como el mar.



¡El mar, el mar, amor!

¡Amor, el mar!

Mi corazón es una playa triste,

y tú eres una ola que viene y que se va...



José Angel Buesa

sábado, 5 de noviembre de 2011

Envío

La vida pasa; la vida rueda...

Quizás se aparten tu alma y la mía,

pero el recuerdo nace y se queda...

Y aunque el deseo no retroceda

y nuestra llama se apague un día,

mientras yo pueda soñar, y pueda

regar mis sueños en la vereda

de la armonía,

tendré la dulce melancolía

de aquellas frases entre la umbría

y aquellos besos en la alameda.



José Ángel Buesa














Aria de luto

Tendrá que suceder, hoy o mañana,

en cualquier parte y de cualquier manera,

--puede ser que bajando una escalera

o puede ser que abriendo una ventana.



Sucederá tal día de semana,

sencillamente, sin llover siquiera,

en el banco de un parque en primavera

o en un hotel de una ciudad lejana.



Así sucederá, como un espejo

que se queda de pronto sin reflejo,

porque crece la sombra o porque sí.


Irá de puerta en puerta un viento loco,
y tú también te morirás un poco
con algo tuyo que se muere en mí...!



José Angel Buesa





viernes, 14 de octubre de 2011

Brindis

He aquí dos rosas frescas, mojadas de rocío:

una blanca, otra roja, como tu amor y el mío.


Y he aquí que, lentamente, las dos rosas deshojo:

la roja, en vino blanco; la blanca, en vino rojo.


Al beber, gota a gota, los pétalos flotantes

me rozarán los labios, como labios de amante;

y, en su llama o su nieve de idéntico destino,

serán como fantasmas de besos en el vino.



Ahora, elige tú, amiga, cuál ha de ser tu vaso:

si éste, que es como un alba, o aquél, como un ocaso.


No me preguntes nada: yo sé bien que es mejor

embriagarse de vino que embriagarse de amor...



Y así mientras tú bebes, sonriéndome - así,

yo, sin que tú lo sepas, me embriagaré de ti...


José Angel Buesa

martes, 4 de octubre de 2011

Poema de una calle

Amo esta calle, y amo sus tristes casas

en las que se entristecen cumpleaños y bodas,

porque esta calle triste, se alegra cuando pasas

tú, mujer preferida entre todas.



Amo esta calle acaso porque en ella subsiste

no sé qué somnolencia de arrabal provinciano.

Pero a veces la odio, porque aunque siempre es triste

me parece más triste cuando te espero en vano.



Y yo bien sé que esta calle nunca podrá ser bella

con sus fachadas sucias y sus portales viejos.

Pero sé que es distinta cuando pasas por ella

y te miro pasar... desde lejos.



Por eso amo esta calle de soledad y hastío

que ensancha sus aceras para alejar las casas.

Mientras te espera en vano mi corazón vacío,

¡que es una calle triste por donde nunca pasas!



Jose A. Buesa





lunes, 26 de septiembre de 2011

Poema final por nosotros

Está bien, vas con otro, y me apeno y sonrío,

pues recuerdo las noches que temblaste en mi mano,

como tiembla en la hoja la humedad del rocío,

o el fulgor de la estrella que desciende al pantano.



Te perdono, y es poco. Te perdono, y es todo,

yo que amaba tus formas, más amaba tu amor,

y empezó siendo rosa lo que luego fue lodo,

a pesar del perfume y a pesar del color.



Hoy prefiero mil veces sonreír aunque pierda,

mientras pierda tan solo el derecho a tu abrazo,

y no ser el que olvida, mientras él quien recuerda,

y tú bajes el rostro y él lo vuelva si paso.



Quien te lleva no sabe que pasó mi tormento,

y me apena su modo de aferrarse a lo vano,

él se aferra a la rosa, pero olvida que el viento,

todavía dirige su perfume a mi mano.



Y por ser quien conozco tus angustias y anhelos,

te perdono si pasas y si no me saludas,

pues prefiero el orgullo de perderte con celos,

a la angustia que él siente de tenerte con dudas.



Y mañana quien sabe, no sabré si fue rubia,

si canela, o si blanca la humedad de esta pena,

y quizás te recuerde si me adentro en la lluvia,

o tal vez me dé risa si acaricio la arena.



José Angel Buesa









sábado, 24 de septiembre de 2011

Cancion a una mujer lejana

En ti recuerdo una mujer lejana,

lejana de mi amor y de mi vida.

A la vez diferente y parecida,

como el atardecer y la mañana.



En ti despierta esa mujer que duerme

con tantas semejanzas misteriosas,

que muchas veces te pregunto cosas,

que sólo ella podría responderme.



Y te digo que es bella, porque es bella,

pero no sé decir, cuando lo digo,

si pienso en ella porque estoy contigo,

o estoy contigo por pensar en ella.



Y sin embargo si el azar mañana

me enfrenta con ella de repente,

no seguiría a la mujer ausente

por retener a la mujer cercana.



Y sin amarte más, pero tampoco

sin separar tu mano de la mía,

al verla simplemente te diría:

"Esa mujer se te parece un poco"



José Angel Buesa



martes, 30 de agosto de 2011

Canción de amor prohibida

Solo tu y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuanto amor esconde mi gesto indiferente.


Solo tu y yo sabemos porque mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tu apenas me escuchas y yo no te sonrío...
y aún nos arde en los labios algún beso reciente.


Solo tu y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.


Y así dos orillas tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.


José Angel Buesa






viernes, 5 de agosto de 2011

Te acordarás un día

Te acordarás un día de aquel amante extraño
que te besó en la frente para no hacerte daño.
Aquel que iba en la sombra con la mano vacía
porque te quiso tanto... que no te lo decía.


Aquel amante loco... que era como un amigo,
y que se fue con otra... para soñar contigo.


Te acordarás un día de aquel extraño amante.
Profesor de horas lentas con alma de estudiante.
Aquel hombre lejano... que volvió del olvido
sólo para quererte... como a nadie ha querido.


Aquel que fue ceniza de todas las hogueras
y te cubrió de rosas sin que tu lo supieras.


Te acordarás un día del hombre indiferente
que en las tardes de lluvia te besaba en la frente.
Viajero silencioso de las noches de estío
que miraba tus ojos, como quien mira un río.


Te acordaras un día de aquel hombre lejano
del que más te ha querido... porque te quiso en vano.


Quizás así de pronto... te acordarás un día
de aquel hombre que a veces callaba y sonreía.
Tu rosal preferido se secará en el huerto
como para decirte que aquel hombre se ha muerto.


Y él andará en la sombra con su sonrisa triste.
Y únicamente entonces sabrás que lo quisiste.



                      

martes, 26 de abril de 2011

Amor Tardío


Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.


Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.


Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;
pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...

José Angel Buesa