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jueves, 17 de noviembre de 2011

Busco un hombre




Mi búsqueda no es sencilla: a mi paso he visto a muchos hombres pero aún continuo en mi pesquisa, porque lo que yo deseo es, solamente, un hombre.



Un hombre tan seguro de si que no tema mi plena realización como mujer y que jamás me considere su rival, sino que seamoseternos compañeros el uno para el otro, amigos del alma.



Un hombre que me proteja de los demás y de mi misma; que conozca mis errores, los acepte y me ayude a corregirlos.



Un hombre que sepa reconocer mis valores espirituales y que sobre ellos pueda construir un mundo.



Un hombre que con cada amanecer me ofrezca una ilusión.
Que alimente nuestro amor con delicadeza; para quien una flor entregada con un beso,tenga mas valor que una joya enviada con un mensajero.


Un hombre que jamás corte el puente de comunicación y ante quien me atreva a decirle todo lo que pienso, sin temor a que me juzgue o a que se ofenda.



Un hombre que tenga siempre los brazos extendidos para que yo me refugie en ellos cuando me sienta amenazada o insegura.


Que conozca su fortaleza y mi debilidad, pero que jamás se aproveche de ellas.

Un hombre que tenga abiertos los ojos a la belleza, a quien lo mueva el entusiasmo y ame intensamente la vida.

 Para quien cada día sea un regalo inapreciable
por disfrutar plenamente, aceptando el dolor y la alegría con igual serenidad.


Un hombre que sepa ser siempre mas fuerte que los obstáculos, que no se amilane ante la derrota y para quien aún los contratiempos sean estímulo y no adversidad.



Un hombre que se respete a si mismo, porque así sabrá respetar a los demás.

Un hombre que goce dando y sepa recibir. Que no tenga miedo de amar ni se envanezca porque es amado. Y que goce cada minuto de amor como si fuera el último.

Cuando lo encuentre amaré intensamente.



anónimo





viernes, 18 de febrero de 2011

LA AMISTAD

La Amistad



Si tienes un amigo, has merecido un don divino.



La amistad leal, sincera, desinteresada, es la verdadera comunión de las almas. Es más fuerte que el amor, porque éste suele ser celoso, egoísta y vulnerable. La verdadera amistad perdura y se fortalece a través del tiempo y la distancia.



No se necesita ver frecuentemente al amigo para que la amistad perdure, basta saber que éste responderá cuando sea necesario, con un acto de afecto, de comprensión y aun de sacrificio.



La amistad no se conquista, no se impone; se cultiva como una flor; se abona con pequeños detalles de cortesía, de ternura y de lealtad; se riega con las aguas vivas de desinterés y de cariño silencioso. No importan las distancias, los niveles sociales, los años o las culturas. La amistad lo borra todo.



El recuerdo del amigo lejano, del amigo de la niñez o el de la juventud, produce la íntima alegría de haberlos conocido. Nuestra vida se enriqueció con su contacto por breve que haya sido.



La felicidad del amigo nos da felicidad. Sus penas se vuelven nuestras porque hay un maravilloso lazo invisible que une a los amigos. La amistad es bella sobre toda ponderación.



Para el que tiene un amigo, no existe la soledad.



Anónimo



lunes, 28 de junio de 2010

Hijo preferido



Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella más amaba.

Y ella, dejando entrever una sonrisa, respondió: Nada es más voluble que un corazón de madre. Y, como madre, le respondo: el hijo dilecto, aquel a quien me dedico de cuerpo y alma...


Es mi hijo enfermo, hasta que sane. El que partió, hasta que vuelva
El que está cansado, hasta que descanse.


El que está con hambre, hasta que se alimente.

El que está com sed, hasta que beba


El que está estudiando, hasta que aprenda
El que está desnudo, hasta que se vista


El que no trabaja, hasta que se emplée
El que se enamora, hasta que se case.


El que se casa, hasta que conviva
El que es padre, hasta que los críe.


El que prometió, hasta que cumpla.
El que debe, hasta que pague.


El que llora, hasta que calle.
Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó: El que ya me dejó...

...hasta que lo reencuentre...



LA NUEVA GENERACION DE PADRES DE FAMILIA


Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres y los primeros que tememos a nuestros hijos.

Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.


Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten.


En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.


En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.


Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.


Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.


Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.


Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles "muy cool" a sus hijos.


Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.


Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.


Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.


Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante lidereándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.


Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino.


Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella más amaba.

ella, dejando entrever una sonrisa, respondió:

Nada es más voluble que un corazón de madre.

Y, como madre, le respondo: el hijo dilecto, aquel a quien me dedico de cuerpo y alma...


Es mi hijo enfermo, hasta que sane.

El que partió, hasta que vuelva
El que está cansado, hasta que descanse.

El que está con hambre, hasta que se alimente.

El que está com sed, hasta que beba

El que está estudiando, hasta que aprenda
El que está desnudo, hasta que se vista

El que no trabaja, hasta que se emplée
El que se enamora, hasta que se case.El que se casa, hasta que conviva
El que es padre, hasta que los críe.El que prometió, hasta que cumpla.
El que debe, hasta que pague.El que llora, hasta que calle.
Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó: El que ya me dejó... ...hasta que lo reencuentre...
LA NUEVA GENERACION DE PADRES DE FAMILIA
Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres y los primeros que tememos a nuestros hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.
Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten.
En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.
En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.
Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.
Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.
Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.
Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles "muy cool" a sus hijos.
Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.
Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.
Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.
Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante lidereándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.
Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino.

Somos de las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores.
Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia.
Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y poderosos que nunca existieron.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro. Así que, somos los últimos hijos regañados por los padres y los primeros padres regañados por nuestros hijos.
Somos de las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores.
Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia.
Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y poderosos que nunca existieron.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro. Así que, somos los últimos hijos regañados por los padres y los primeros padres regañados por nuestros hijos.
Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres y los primeros que tememos a nuestros hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.
Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten.
En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.
En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.
Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.
Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.
Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.
Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles "muy cool" a sus hijos.
Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.
Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.
Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.
Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante lidereándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.
Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino.


martes, 9 de febrero de 2010

Mensaje de amor - autor desconocido por mí

En algún momento un médico determinará que mi corazón ha dejado de funcionar y que en verdad mi vida se ha terminado.

Cuando esto suceda, no traten de revivirme artificialmente por medio de aparatos, y dondequiera que me encuentre no lo llamen "mi lecho de muerte".
Llámenlo"mi lecho de vida " y dejen que mi cuerpo vaya de allí a ayudar a que otros gocen de una vida plena.

Den mi vista a alguien que nunca haya visto un amanecer, la cara de un bebé o el amor en los ojos de una mujer.

Den mi corazón a alguien a quien el suyo no le haya causado
más que interminables días de dolor.

Den mi sangre a algún adolescente rescatado de entre las ruinas de un automóvil accidentado, para que pueda vivir y llegar a gozar del juego de sus nietos.

Den mis riñones a quien dependa de una máquina para seguir existiendo semana tras semana.

Tomen mis huesos, todos mis músculos y todas y cada una de las fibras y nervios de mi cuerpo y encuentren la manera de hacer caminar a un niño lisiado.

Exploren cada rincón de mi cerebro. Si fuera necesario, tomen todas las células para que algún día un niño pueda gritar con la emoción del deporte y una niña sorda pueda oír el sonido de la lluvia contra los cristales de la ventana.

Cremen lo que quede de mí y echen mis cenizas a los cuatro vientos, para ayudar a que crezcan las flores.

Y si tienen la necesidad de enterrar algo, les dejo mis defectos, mis debilidades y todos mis perjuicios contra mis semejantes.

Mi alma dénsela a Dios.

Y si por casualidad alguien quiere recordarme, hágalo con una buena palabra o acción hacia quien lo necesite. Si hacen lo que les pido, viviré eternamente.

anónimo

(¿no lo harías tú....?)

Cuando una flor muere, nace una semilla;
cuando una semilla muere, nace una planta.
Y la vida sigue su camino más fuerte que la muerte.-

Rabindranath Tagore

jueves, 10 de diciembre de 2009

"Los días de mi vida" -

Un verdadero amigo, es un alma en dos cuerpos

"LOS DIAS DE MI VIDA"

EL dia mas IMPACTANTE: Fue cuando te conocí
EL dia mas ESTUPIDO: Fue cuando nos peleamos
EL dia mas INTERESANTE: Fue cuando te traté
EL dia mas EMOCIONANTE: Fue cuando me hablaste por primera Vez
EL dia mas TRISTE: Fue cuando te vi llorar
EL dia mas ALENTADOR: Fue cuando me abrazaste
EL dia mas COMUNICATIVO: Fue cuando me llamaste
EL dia mas CHISTOSO: Fue platicando contigo de cualquier tontería
EL dia mas LARGO: Fue cuando no te vi
EL dia mas DIVERTIDO: Fue cuando me hiciste tus bromas
EL dia mas BRILLANTE:Fue cuando sonreíste
EL dia mas NEGRO: Fue cuando enfermaste conmigo
EL dia mas FRÍO: Fue cuando me ignoraste
EL dia mas DESESPERANTE: Fue cuando no me escuchaste
EL dia mas RELAJADO: Fue trabajando contigo
EL dia mas ESPIRITUAL: Fue rezando contigo
EL dia mas VERGONZOSO :Fue quedando mal frente a ti
EL dia mas IMPACIENTE: Fue cuando no sabia de ti
EL dia mas CANSADO: Fue trabajando sin ti
EL dia mas ANGUSTIANTE: Fue cuando te oculte algo
EL dia mas FELIZ: Fue cuando me llamaste AMIGO

Cuida mucho a tus amigas(os) asi como vienen se van...
Asi como llegaron, se iran...


Autor, desconocido por mí